y beso el beso que me enviaste.
Vana ilusión. El carmín no resiste al olvido.
Perdido su olor nada queda
sino una huella, informe
a fuerza de sellarla con los labios.
A menudo releo tus cartas
e inundo cristales en tu ausencia
ahogando mi llanto en el silencio.
Rompo mi máscara de vidrio
y nada queda...
Ya nada queda, y aun así,
espero la llegada de otra carta.
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