donde el asfalto se vuelve nombre
a fuerza de quedar, maiteá (1),
vienes cada viernes
a dibujar una sonrisa
en el atardecer mudo de la espera.
De veinte en veinte,
tango tras tango,
tus palabras me llevan
al sendero de un domingo
y al abrigo de un café en San Francisco.
Tarde fría y ventosa.
De veinte a veinte las horas se hacen una.
Una hora, veinte y una,
vientre unido a mi cintura,
rostro fino y labios de cristal.
Beso al filo de una noche,
tango al fondo en San Andrés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario