Mirar tus ojos cerrados, llenar tu boca
del soplo de un te quiero atrapado entre mis labios
y agarrar tu mano que siempre estuvo ahí,
sentir tu cuerpo y separarnos.
Todo lo haces bello con el brillo de tus ojos,
y hasta cuando te marchas es hermosa tu mirada,
triste pero hermosa,
como esos días que me abrazas, furtiva, en la distancia.
Nos mentimos al decirnos que los besos acababan
en el amargo momento de separar nuestros labios.
Los nuestros nunca terminan,
nos besamos a lo lejos.
Eternidad del amante inoportuno.
Nada me calma más que oír tu voz
y verte llegar del mar, Irene,
empapada del perfume de las olas
y de ese olor a mí que nunca rechazaste.
Cuando me hablas te vuelves transparente,
y, en tu ausencia, todo lo habitas.
Todo se llena de ti. Todo lo ocupas.
Y me ocupas por completo.
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